La persona humana, corazón de la paz
La persona humana, corazón de la paz

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz 2007.

El cardenal Renato Raffaele Martino, y el obispo Giampaolo Crepaldi, respectivamente presidente y secretario del Pontificio Consejo "Justicia y Paz", presentaron en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2007, sobre el tema: "La persona humana, corazón de la paz".

El cardenal Martino afirmó que el mensaje de este año "hay que leerlo e interpretarlo en continuidad con el mensaje precedente. En el número 1, el Santo Padre afirma que "respetando a la persona se promueve la paz, y que construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral".

El mensaje, continuó, está estructurado en tres partes: en la primera se resalta "el sentido y el valor de la relación entre persona humana y paz entendidas y propuestas por medio de categorías teológico-espirituales del don y de la tarea; en la segunda, la verdad de la persona humana en relación con el concepto nuevo e innovativo de ecología de la paz; en la tercera, la verdad de la persona humana con referencia a la compleja realidad del respeto de sus derechos fundamentales, del derecho humanitario internacional y de algunas responsabilidades inherentes a la acción de las organizaciones internacionales. El Mensaje concluye con una invitación a los cristianos a convertirse en agentes de paz".

"El reconocimiento del orden trascendente de las cosas es la base sobre la que se fundamenta el diálogo interreligioso y cultural para la promoción de la paz. (...) Para que progrese el frente de la paz, la humanidad de hoy debe tener en cuenta las normas del derecho natural, que "no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre".

Más adelante, el Papa afirma que "algunos bienes no son y no deben ser disponibles; se trata del derecho a la vida y del derecho a la libertad religiosa; el primero, porque es un don y el segundo pone de manifiesto "la relación del ser humano con un Principio trascendente".

Por lo que concierne al tema de la igualdad de naturaleza de todas las personas, el Santo Padre, dijo el purpurado, habla de "las desigualdades sociales y de género, que son motivos preocupantes de inestabilidad en la construcción de la paz".

En el apartado 9, dedicado a la "ecología de la paz", el Papa se plantea una serie de cuestiones que "evidencian cómo el problema de la relación con la naturaleza esté estrechamente ligado con la construcción, entre los seres humanos y las naciones, de relaciones humanas ecológicas, es decir, respetuosas de la dignidad de la persona y de sus necesidades auténticas".

"En los apartados 10 y 11, el Santo Padre ofrece el fundamento de la ecología de la paz y la base para que crezca el "árbol de la paz". (...) Es posible con la condición de que nos dejemos guiar por "una visión correcta y lo más amplia posible de la persona humana", porque la reducción del ser humano, de su valor y su dignidad se pagan a menudo con el conflicto".

"El mensaje del Papa -prosiguió el cardenal-, afirma que la paz se hace difícil también por la indiferencia hacia lo que constituye la verdadera naturaleza del ser humano. (...) Una actitud semejante es muy peligrosa para la paz, que no puede construirse sobre el vacío y la indiferencia, porque en este caso el reconocimiento recíproco será solamente formal, convencional y provisional".

En la tercera parte del mensaje, que comprende los apartados del 12 al 15, Benedicto XVI "afirma que una paz verdadera y estable presupone el respeto de los derechos humanos anclados en una concepción "fuerte" del ser humano. (...) Los derechos expresan las exigencias de la naturaleza del ser humano, que brotan de la Creación. Nos dicen qué necesita el ser humano en su existencia para poder ser dignamente él mismo. Nos dicen cómo debemos tratarlo, para mantenerlo en conformidad con su dignidad. Los derechos humanos no soportan los continuos ataques de los que son blanco, si no redescubren constantemente estos significados".

El Santo Padre recuerda a continuación, dijo el purpurado, "la vocación original de los organismos internacionales y sobre todo de las Naciones Unidas, apremiándolos a hacerse paladines de la promoción de los derechos humanos. (..) Retorna también este año sobre el valor del derecho humanitario internacional", con reflexiones "inspiradas por el realismo y la confianza" y, por último, manifiesta su preocupación "ante el hecho de que algunos países han manifestado la voluntad de dotarse con armas nucleares".

"La conclusión del mensaje de Benedicto XVI (...) está dedicada a los católicos, invitados a ser incansables artífices de paz y defensores de la dignidad del ser humano. (...) El sentimiento de pertenencia eclesial se vive como una dedicación generosa hacia todos, sobre todo hacia los que padecen pobreza y privaciones y carecen del precioso bien de la paz".

Párrafos marcados

Mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2007), cuyo tema es: "La persona humana, corazón de la paz". El texto se ha publicado en inglés, francés, español, italiano, alemán y portugués.

Ver texto completo del Mensaje

Ofrecemos a continuación extractos del mensaje seleccionados por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

"Al comienzo del Nuevo Año, quiero hacer llegar a los gobernantes y a los responsables de las naciones, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, mis deseos de paz".

"Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien, capaz de conocerse, de poseerse, de entregarse libremente y de entrar en comunión con otras personas".

"También la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un compromiso permanente, también es verdad, y lo es más aún, que la paz es un don de Dios".

"(...) El conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. (...) Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la "gramática" escrita en el corazón del hombre por su divino Creador".

"En esta perspectiva, las normas del derecho natural (...) deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano. (...) Por tanto, el reconocimiento y el respeto de la ley natural son también hoy la gran base para el diálogo entre los creyentes de las diversas religiones, así como entre los creyentes e incluso los no creyentes. Éste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una paz auténtica".

"El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de cada persona.

"En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos. El respeto del derecho a la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene a su entera disposición. (...) El derecho a la vida y a la libre expresión de la propia fe en Dios no están sometidos al poder del hombre".

"Por lo que se refiere al derecho a la vida, es preciso denunciar el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad: además de las víctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia. ¿Cómo no ver en todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentación sobre los embriones son una negación directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas".

"Respecto a la libre expresión de la propia fe, hay un síntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar pública y libremente sus propias convicciones religiosas. Hablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no sólo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar también trágicos episodios de feroz violencia".

"Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros regímenes indiferentes alimentan no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pacífica. Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz".

"En el origen de frecuentes tensiones que amenazan la paz se encuentran seguramente muchas desigualdades injustas. (...) Por un lado, las desigualdades en el acceso a bienes esenciales como la comida, el agua, la casa o la salud; por otro, las persistentes desigualdades entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales".

"Un elemento de importancia primordial para la construcción de la paz es el reconocimiento de la igualdad esencial entre las personas humanas, que nace de su misma dignidad trascendente. (...) Las gravísimas carencias que sufren muchas poblaciones, especialmente del Continente africano, están en el origen de reivindicaciones violentas y son por tanto una tremenda herida infligida a la paz".

"La insuficiente consideración de la condición femenina provoca también factores de inestabilidad en el orden social. Pienso en la explotación de mujeres tratadas como objetos y en tantas formas de falta de respeto a su dignidad; pienso igualmente -en un contexto diverso- en las concepciones antropológicas persistentes en algunas culturas, que todavía asignan a la mujer un papel de gran sumisión al arbitrio del hombre, con consecuencias ofensivas a su dignidad de persona y al ejercicio de las libertades fundamentales mismas. No se puede caer en la ilusión de que la paz está asegurada mientras no se superen también estas formas de discriminación, que laceran la dignidad personal inscrita por el Creador en cada ser humano".

"La humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa".

"En estos años, nuevas naciones han entrado con pujanza en la producción industrial, incrementando las necesidades energéticas. (...) Mientras tanto, en algunas regiones del planeta se viven aún condiciones de gran atraso, en las que el desarrollo está prácticamente bloqueado, motivado también por la subida de los precios de la energía".

"La destrucción del ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo".

"Es apremiante, pues, incluso en el marco de las dificultades y tensiones internacionales actuales, el esfuerzo por abrir paso a una ecología humana que favorezca el crecimiento del "árbol de la paz". (...) Es comprensible que la visión del hombre varíe en las diversas culturas. Lo que no es admisible es que se promuevan concepciones antropológicas que conlleven el germen de la contraposición y la violencia. Son igualmente inaceptables las concepciones de Dios que impulsen a la intolerancia ante nuestros semejantes y el recurso a la violencia contra ellos. Éste es un punto que se ha de reafirmar con claridad: nunca es aceptable una guerra en nombre de Dios".

"Pero hoy la paz peligra (...) también por la indiferencia ante lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre. (...) Una consideración "débil" de la persona, que dé pie a cualquier concepción, incluso excéntrica, sólo en apariencia favorece la paz. En realidad, impide el diálogo auténtico y abre las puertas a la intervención de imposiciones autoritarias, terminando así por dejar indefensa a la persona misma y, en consecuencia, presa fácil de la opresión y la violencia".

"Los Organismos internacionales se refieren continuamente a la tutela de los derechos humanos y, en particular, lo hace la Organización de las Naciones Unidas que, con la Declaración Universal de 1948, se ha propuesto como tarea fundamental la promoción de los derechos del hombre. Se considera dicha Declaración como una forma de compromiso moral asumido por la humanidad entera. Esto manifiesta una profunda verdad sobre todo si se entienden los derechos descritos en la Declaración no simplemente como fundados en la decisión de la asamblea que los ha aprobado, sino en la naturaleza misma del hombre y en su dignidad inalienable de persona creada por Dios. Por tanto, es importante que los Organismos internacionales no pierdan de vista el fundamento natural de los derechos del hombre. Eso los pondría a salvo del riesgo, por desgracia siempre al acecho, de caer en una interpretación meramente positivista de los mismos".

"Si esto ocurriera, los Organismos internacionales perderían la autoridad necesaria para desempeñar el papel de defensores de los derechos fundamentales de la persona y de los pueblos, que es la justificación principal de su propia existencia y actuación".

"A partir de la convicción de que existen derechos humanos inalienables vinculados a la naturaleza común de los hombres, se ha elaborado un derecho internacional humanitario, a cuya observancia se han comprometido los Estados, incluso en caso de guerra. Lamentablemente, y dejando aparte el pasado, este derecho no ha sido aplicado coherentemente en algunas situaciones bélicas recientes. (...) Por ejemplo, en el conflicto que hace meses ha tenido como escenario el Sur del Líbano, en el que se ha desatendido en buena parte la obligación de proteger y ayudar a las víctimas inocentes, y de no implicar a la población civil".

"La nueva configuración de los conflictos, sobre todo desde que la amenaza terrorista ha actuado con formas inéditas de violencia, exigen que la comunidad internacional corrobore el derecho internacional humanitario y lo aplique en todas las situaciones actuales de conflicto armado, incluidas las que no están previstas por el derecho internacional vigente".

"Además, la plaga del terrorismo reclama una reflexión profunda sobre los límites éticos implicados en el uso de los instrumentos modernos de la seguridad nacional. En efecto, cada vez más frecuentemente los conflictos no son declarados, sobre todo cuando los desencadenan grupos terroristas decididos a alcanzar por cualquier medio sus objetivos. Ante los hechos sobrecogedores de estos últimos años, los Estados deben percibir la necesidad de establecer reglas más claras, capaces de contrastar eficazmente la dramática desorientación que se está dando".

"Otro elemento que suscita gran inquietud es la voluntad, manifestada recientemente por algunos Estados, de poseer armas nucleares. Esto ha acentuado ulteriormente el clima difuso de incertidumbre y de temor ante una posible catástrofe atómica".

"Lamentablemente, en el horizonte de la humanidad siguen formándose nubes amenazadoras. La vía para asegurar un futuro de paz para todos consiste no sólo en los acuerdos internacionales para la no proliferación de armas nucleares, sino también en el compromiso de intentar con determinación su disminución y desmantelamiento definitivo. (...) ¡Está en juego la suerte de toda la familia humana!".

"Deseo, por fin, dirigir un llamamiento apremiante al Pueblo de Dios, para que todo cristiano se sienta comprometido a ser un trabajador incansable en favor de la paz y un valiente defensor de la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables. (...) En Cristo podemos encontrar las razones supremas para hacernos firmes defensores de la dignidad humana y audaces constructores de la paz".

Ver texto completo del Mensaje

Fuente: Servicio Informativo Vaticano
Vaticano, 12 de Diciembre, 2006

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