El respeto a las personas y el bien común, deber de todos los miembros de la sociedad
El respeto a las personas y el bien común, deber de todos los miembros de la sociedad

El presidente de la Conferencia Episcopal de Chile valoró en su editorial la importancia del bien común, destacando que «es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno esta exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo»

El pasado 15 de noviembre conocíamos el acuerdo alcanzado tras intensas reuniones en el Congreso Nacional, un avance en el camino del diálogo y la paz social que recibimos con esperanza. Tal como lo expresamos los obispos y administradores ese mismo día, «agradecemos el paso que han dado el Gobierno y un amplio espectro de los sectores políticos en un acuerdo para caminar a una nueva Constitución».

Este punto de partida es sobre todo una oportunidad para escucharnos y asumir nuestras legítimas diferencias. Esta instancia nos invita a ser parte de un diálogo social inédito, que sólo podrá dar frutos si somos capaces de poner en el centro del proyecto país a la persona humana y el bien común de la sociedad. Porque no sólo se trata de contar con una nueva Constitución, sino también de consolidar un nuevo pacto social, y con esto abrir «caminos que realmente nos ayuden a superar las brechas entre hermanos». La sola redacción de una nueva Constitución no va a solucionar las justas demandas de la gente. Es imprescindible un cambio de mentalidad y la recomposición del tejido social gravemente dañado por la violencia experimentada este mes, que dio cuenta de un Chile para muchos de nosotros desconocido. Es indispensable realizar aquellas transformaciones que nos permitan construir una sociedad que respete la dignidad de las personas, su libertad y sus derechos y que inculque sus deberes. A las autoridades les corresponde abrir caminos para acoger los legítimos clamores de los ciudadanos, particularmente de aquellos que saben que el camino no es la violencia, pero que anhelan ser escuchados.

La doctrina social de la Iglesia nos enseña que «el bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno esta exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo». Vale la pena preguntarse hoy: ¿cuánto de nosotros mismos estamos dispuestos a dar por la construcción de este bien común?, ¿cuánto estamos dispuestos a ceder por dicho bien?

Por eso nuestra tarea cristiana, como quedó expresado en nuestro mensaje conclusivo de la 119ª Asamblea Plenaria, requiere intensificar por lo menos cuatro expresiones de nuestra fe como parte de nuestra respuesta a la situación que vive el país: la oración incansable por la paz y la justicia fundada en la verdad y la caridad y la consagración de nuestra Patria a la Virgen en cada celebración litúrgica del 8 de Diciembre; la participación activa en diálogos, cabildos y en toda instancia de la sociedad civil; el permanente servicio a todos mediante la escucha, la acogida, la contención emocional, la solidaridad con los más pobres y vulnerables. Y, por último, garantizar la continuidad de nuestro proceso de discernimiento para la renovación eclesial, porque reconocemos que «nosotros también hemos defraudado a muchos chilenos, siendo causa de escándalo y dolor», y de esa crisis nuestra no podemos desentendernos.

En nuestras disposiciones y acciones presentes y futuras podemos dar testimonio de nuestro amor por Chile. ¡También en nosotros radica la oportunidad de alcanzar la paz!


+ Santiago Silva Retamales
Obispo presidente de la CECh


Fuente: Comunicaciones CECh
CECh, 19 de Noviembre, 2019
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