Te Deum 2019
“Es urgente apelar a la responsabilidad personal del amor cotidiano”

Así lo señaló Mons. Pedro Ossandón, Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso en su homilía del décimo sexto Te Deum Ecuménico que se realizó en la Iglesia Catedral de Valparaíso y al que asistieron las principales autoridades civiles, eclesiásticas y de las Fuerzas Armadas. También participaron comunidades parroquiales, de movimientos laicales y educativas.

Con la presencia de autoridades civiles y militares, sacerdotes, pastores y representantes de diversas Iglesias y Comunidades Cristianas hermanas y fieles se realizó el décimo sexto Te Deum Ecuménico en la Iglesia Catedral de Valparaíso con el que se dio comienzo oficial a las celebraciones Patrias de este año en Valparaíso.

El Te Deum Ecuménico fue presidido por Mons. Pedro Ossandón Buljevic, Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso quien en su homilía reflexionó sobre dos ideas centrales del Evangelio de las Bodas de Cana.

“Lo primero que observamos es que Jesús comparte con su familia y sus amigos una invitación a celebrar la fiesta del amor familiar. La más hermosa expresión de la unidad de la humanidad. Nos quiere decir así que todos hemos sido llamados, o sea, hemos recibido una vocación a la fraternidad universal. Esta vocación que todos hemos recibido de participar en la fiesta de la fraternidad humana nos llama a trabajar unidos en el desarrollo humano integral, el que busca el desarrollo de toda la persona y de cada una de las personas. Eso significa salir de condiciones menos humanas a más humanas y, por supuesto, entender que el desarrollo de todos los pueblos exige una decisión libre y responsable de cada uno de nosotros construyendo con la unidad universal el bien común”.

En segundo lugar, señala el Administrador Apostólico “vemos en estas bodas de Caná, a la madre de Jesús, la que representa a toda la humanidad, observando una necesidad urgente, la de devolver la alegría de la convivencia fraterna. Ella nos enseña a realizar un discernimiento que busca en el Dios cercano y solidario atender y resolver los problemas que angustian y entristecen a la comunidad”.

“Hoy en Chile y en las ciudades de la Diócesis de Valparaíso, vemos con más claridad y decidimos con mayor eficacia cuando crece la participación ciudadana y nos esforzamos en renovar la nobleza del servicio público y de la importancia de la política comprometida con todos los ciudadanos. En este buen espíritu de comunión y de colaboración responsable, vemos mejor la realidad y decidimos con más eficacia la solución a los problemas sociales”.

“Así podremos observar con mayor lucidez y compromiso, la inequidad que produce desigualdades económicas, de trato y de oportunidades que tanto nos entristecen; la violencia del narcotráfico en nuestros barrios que nos asustan; el ambiente de crispación en el debate público y en los medios de comunicación que nos confunden; la pobreza que afecta dramáticamente a los ancianos; a los jóvenes que nos estudian ni trabajan; a los inmigrantes que sufren cada día; a los abusos y la corrupción que nos desaniman y a tantos problemas más que unidos debemos asumir. Ellos nos exigen unidad en la legítima diversidad y al servicio del bien de todos”.

El Pastor resaltó que antes de echar la culpa a los demás es urgente también apelar a la responsabilidad personal del amor cotidiano. “Cada uno de nosotros ayuda en la transformación social cuando llevo a la práctica el humilde servicio de la solidaridad que también se da en los más mínimos detalles. Dice Benedicto XVI que “la íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro (del próximo) se convierte en un darme a mí mismo: (de esta manera) para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona” (En “Deus Caritas est” 34). Y esta acción a nuestro alcance responsable, cercana y gratuita también transforma la sociedad”.

Finalizó su homilía, haciendo una oración muy especial por las personas y familiares de los que fallecieron en el derrumbe en los cerros de Valparaíso y para pedir la gracia de la lluvia tan imperiosamente necesaria para llevar el pan solidario a los hogares de todas las familias de nuestro querido Chile.

Además, en el Te Deum se hizo oración por la Patria, sus habitantes, autoridades; por la familia, el derecho a la vida y a la vida digna; por los pobres y necesitados; por los Pueblos Originarios; por los Inmigrantes, refugiados y sin hogar; por los cristianos perseguidos y la paz del mundo; por los niños y jóvenes.

Fuente: Comunicaciones de Valparaíso
Valparaíso, 12 de Septiembre, 2019
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  Homilía Mons. Pedro Ossandón en Te Deum Ecuménico

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